Hijo de Cristóbal y Luisa. Soltero. Nació el 9 de enero de 1953 en Barcelona. Falleció en Almería el 6 de enero de 2017.
En su juventud trabajo de botones, albañil, camarero… Residió en Barcelona, Teruel y Bélgica hasta afincar su residencia en Almería.
Sus primeros pasos por la pintura los da en una escuela de Lieja (Bélgica), donde emigró su padre para trabajar en las minas de carbón. Almería era el lugar de nacimiento de su madre y aquí se establece definitivamente en 1970.
Bondadoso, sosegado, intuitivo, autodidacta, sin formación académica, con un talento espontáneo, tocado por el don natural de capturar la realidad, recreándose en su particular mundo creativo, muy lejos de la plataforma de influencias locales.
Siendo avezado de plasmar en el papel lo que imaginaba con una libertad y naturalidad que solo poseen los grandes artistas. Su talento, le permite asumir con naturalidad todos los retos del juego estético de las formas, de la línea y del color. Era capaz de hacer surgir el ritmo exacto, la línea justa, utilizando está en algunas ocasiones para resaltar su carga lirica, el color adecuado o el equilibrio compositivo con genial agudeza, daba igual que fuese un dibujo, un óleo o un grabado.
Su primera exposición individual la realiza en 1982, en la sala de exposiciones del Banco de Bilbao de Almería.
Ese mismo año se matricula en la Escuela de Artes y Oficios de Almería donde asiste a los cursos de grabado que imparte José García de Lomas, antiguo director del taller de grabado de la Fundación Rodríguez Acosta, con el que estará vinculado hasta el año 1987.
En sus dibujos, concluida su primera etapa naif, se acerca al universo de las vanguardias artísticas, en una evolución vertiginosa. Combina el surrealismo, el cubismo, futurismo, expresionismo, o la abstracción, aportándole un toque personal. En su repertorio plástico encajaban por igual imágenes de mundos oníricos de Klee, Miró o Juan Gris. Teniendo muy presente a quien consideraba sus maestros, entre ellos figuran, Van Gogh y Picasso. Posee un lenguaje propio, adquirido de múltiples estilos.
Su obra de la década de los ochenta, la califica de surrealismo figurativo. Su trayectoria está marcada por una constante evolución e investigación en distintas técnicas: aguatintas, puntas secas, aguafuertes, barnices blandos o linóleos. El grabado fue una de sus mayores pasiones. El tórculo que utilizaba, realizado por los artesanos Marciel Azañón, fue donado por sus hermanos Cristóbal y Araceli a la Biblioteca Provincial Francisco Villaespesa de Almería junto con cinco de sus grabados.
Ocupó un lugar en el grupo que conforman la generación de pintores de los años 80.
A partir de la década de los noventa se desenvuelve con una genial intuición e imaginación. Sus palabras están en su mirada, en su actitud, a veces sarcástica, sobre los personajes y el mundo que refleja en sus lienzos, transmitiéndolo con sorprendentes títulos como “Ventanas mirando hacia no se sabe dónde” (1994) o “El silencio de los caracoles” (2005). Historias que emergen en su obra uniendo pintura y literatura, ironía y humor, con una firmeza, que construye la visión ideológica de su pintura. “Mi obra es fruto de una decisión personal” (1998). Con el tiempo se sumergió más a fondo en el mundo que le rodeaba, sin perder su identidad, pero consciente de lo que sucedía en torno a su obra. “Me siento observado” (2003). Su temática se centra en la figura humana, que repasa y versiona una y otra vez, en su representación de cabezas, rostros, caras, perfiles, miradas y cuerpos
Participó en numerosas exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de provincia.
En la década de los ochenta realizó cinco exposiciones individuales y seis colectivas. Siendo más fructífera su producción en la década de los noventa. Participando en ARCO, en la Feria de Arte de Barcelona, Art Ibiza, IX Certamen Nacional de Pintura de Almería, en InterArt (Valencia) o en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Málaga.
Ha ilustrado entre otros, la revista literaria Ab Aeterno, n.º 4 (1993); El pensamiento hace milagros (1994), de Juan Contreras García; el texto de Kayros en Cuentos de Cabo de Gata, etc.
Era miembro de la Asociación de Pintores Almerienses y premio de grabado Máximo Ramos en La Coruña.
En palabras de Rafael Gadea: “Tan sólo he dejado que los cuadros hablen por sí solos y que ofrezcan al visitante unos diálogos interesantes”.